lunes, 18 de abril de 2011
¿En que momento nos perdimos como sociedad?
¿En que momento nos hemos perdido como sociedad? Esa es la gran pregunta, es cierto que a lo largo de nuestra historia salvo por excepcionales periodos. Nunca hemos podido vivir en paz entre nosotros, guerras civiles e intervenciones extranjeras se encontraban a la vuelta de la esquina, no es sino hasta el gobierno de Don Porfirio Díaz cuando se logra establecer una paz que dio paso al orden y el progreso, interrumpido por el gran fenómeno social conocido como revolución mexicana. Pasando el tiempo, consumada por completo la revolución y pacificado el país, los mexicanos pudimos volver a levantar cabeza y aunque con problemas de una marcada desigualdad social, pudimos convertir a nuestro país en uno de los más poblados del mundo con poco mas de ciento doce millones de mexicanos, así como la segunda economía más poderosa de Hispanoamérica en condiciones muy adversas, donde muchos otros pueblos no han podido pasar la prueba, la capacidad regenerativa de la nación mexicana es impresionante.
Hoy en día, pasamos tiempos muy difíciles, gran parte del país esta sumido en la violencia extrema, podemos ver en las noticias a diario como son ejecutadas gran numero de personas, como mueren niños y demás victimas inocentes, como nuestras instituciones están colapsando y el gobierno no puede poner un orden efectivo, solo basta dar una mirada a nuestro alrededor y un poco de reflexión para saber que lo que esta pasando no es consecuencia de una política del gobierno en turno, sino muy por el contrario, este efecto es consecuencia del derrumbe de la podrida estructura de nuestro Estado, causa de años de indiferencia y decadencia, no solo por parte del gobierno, sino por parte del pueblo mexicano y todos nos preguntamos entonces ¿en que momento nos hemos perdido como sociedad?
Ante este problema, gran parte de la sociedad si no es que casi su totalidad suelen culpar al gobierno de la situación actual y en general de las condiciones que han imperado en nuestro país desde siempre, intentando separar al gobierno del pueblo como que si fuera un ente ajeno a nosotros, totalmente responsable de nuestro destino y donde nosotros no somos mas que víctimas ajenas de esa extraña clase de personas que se encuentran en la cúpula del poder. El mexicano siempre tiende a dividir y apartarse para echar culpa de su situación: ¡Es que los empresarios nos explotan! ¡Es que el gobierno nos administra mal! ¡Es que los trabajadores ya están haciendo plantones de nuevo! Pues les tengo una noticia, tanto los empresarios, como los miembros del gobierno, como los trabajadores y demás son también mexicanos, tan iguales a sus críticos como cualquier otra persona, son eso… mexicanos.
Muchos critican al gobierno corrupto y mal administrador, pero ¿no se dan cuenta que esos políticos y funcionarios públicos surgen de la misma sociedad mexicana? han nacido y se han educado en la misma, surgen del pueblo ¿no será acaso una consecuencia de nuestra misma sociedad corrupta? Si tenemos un gobierno tan ineficiente es porqué nuestra sociedad genera cabecillas ineficientes, si tenemos empresarios explotadores es porqué tenemos una sociedad ambiciosa, si tenemos trabajadores faltos de respeto por los demás es porque tenemos una sociedad volátil. Pero lo peor del caso es que en vez de reflexionar preferimos estar en la comodidad de echar culpas. Exigimos al gobierno que no sea corrupto, pero la gran mayoría de las personas ejercen la corrupción en muchos aspectos de su vida, ya sea dando una “mordida” para escapar de una multa, utilizando “palancas” para obtener empleos, ingresar a escuelas y universidades así como maniobras técnicas para evitar el pago de impuestos ¿Acaso ese gobierno corrupto e ineficiente no es más que un reflejo de nosotros mismos? Muchos podrán replicar que no son así, pero los invito a que reflexionen si no han caído nunca en una situación impropia por más mínima que sea.
De igual forma, todos aplaudimos nuestra democracia mexicana y nuestra libertad con una hipocresía sin precedentes. Lamentablemente hemos caído en un circo político y gubernamental. A los mexicanos (salvo contadas excepciones), no nos interesa ya el servicio público como una manera de servir a nuestro amado Estado, sino por el contrario como simples peldaños para crecer políticamente y enriquecerse, es el poder por el poder, el poder fin y no el poder medio. Todo esto provoca que las mentes sanas y honestas que se encuentran en este país callen en la impotencia por no tener solución este problema y permanecer pasivas o lo que es peor (y lo que sucede en la mayoría de los casos) se corrompen: “si no lo robo yo, se lo roba mi jefe”.
Los mexicanos (aunque considero que esto es un fenómeno propio del género humano) nos vemos llevados por la moda e imitación. Hoy se encuentra en boga la idolatría por el “individuo” y la “libertad”. Yo no crítico estas ideas, tan necesarias en toda sociedad que ha de considerarse civilizada, pero no puedo evitar levantar la voz en contra del abuso de tales conceptos, que sinceramente, no se si su aplicación llevada al extremo es producto de una estupidez irreflexiva o de un ingenioso medio de control, tal vez ambos. Gracias al abuso de la doctrina liberal individualista (entre otras cosas), nuestra sociedad se encuentra en una grave crisis, no nos interesa más el prójimo, discriminamos en razón y medida de la riqueza, no deseamos intervenir en las labores del Estado, somos indiferentes ante nuestras familias y ante una vida ardua y honrada. Es ridículo como nos preocupamos (por citar un ejemplo) más por dar mayor transparencia y desconcentración de poder, que por crear una maquinaria estatal eficiente y ordenada, como nos preocupamos más por maquillajes políticos y respeto al individuo, que por castigar de manera eficiente y rápida al hampa. Todo esto no surgió de la noche a la mañana, todo esto se fue incubando durante todo un siglo y ahorita estamos viendo sus consecuencias, un mal que no podemos frenar y nos tiene sin control, un mal que provoca que nos autofagocitemos como sociedad, un mal que nos divide, que no nos permite levantar cabeza como un solo bloque unido, un boque llamado Estado Mexicano, único e indivisible.
Los invito a que reflexionen un poco, que no tomen cualquier idea como una verdad por si misma, analicen su estructura, sus pros y sus contras, sean objetivos, no se dejen llevar. El momento tan difícil por el que estamos pasando va para largo tiempo y no tendrá fin hasta que toquemos fondo nuevamente como tantas veces lo hemos hecho como país, hasta que venga un acontecimiento tan fuerte que nos haga recapacitar nuevamente como sociedad, que nos vuelva a recordar la necesidad de cambio tal como le sucedió a nuestras generaciones pasadas y que ya en estas nuevas se ha olvidado de nuevo. Podríamos bajar nuestra cabeza como hasta ahora y dejarnos llevar por nuestro fatal destino o por el contrario podemos de manera responsable tomar conciencia de lo que sucede en nuestro país y actuar a tiempo como nación mexicana única e indivisible y no como individuos o clases sociales. Debemos unirnos bajo una misma bandera, con la finalidad de salvar a esa gran obra que nos costo tanta sangre y lagrimas construir: El Estado Mexicano. Sea de una u otra forma, sigo teniendo fe en esa asombrosa capacidad regenerativa de la nación mexicana, saldremos adelante, de eso no tengo duda, en nosotros queda la decisión de escoger solamente con que costo lo haremos.
David Luna Peña
jueves, 7 de abril de 2011
Holbox: El último paraíso virgen mexicano en peligro de desaparecer
Holbox: El último paraíso virgen del Caribe Mexicano en peligro
La isla Holbox, con aguas tranquilas de color turquesa y blanca arena, es un paraíso terrenal situado en el Norte de Quintana Roo y es parte de la reserva de la biosfera y área de protección de flora y fauna Yum Balam desde 1994. En ella se localiza la zona de agregación de una de las especies más grandes del mundo: el tiburón ballena
Rica en biodiversidad y en recursos naturales, el último rincón virgen del Caribe Mexicano se ha visto amenazado en los últimos 5 años, transformándose de un paraíso al próximo objetivo de magnates y cadena hoteleras que sin conciencia ambiental ni nacional han contribuido a la devastación del medio ambiente y de la fuente de ingresos de muchas comunidades nativas.
En el 2008 sufrió una fuerte embestida que destruyó grandes extensiones de manglares, casi 10,000 metros cuadrados, sin que la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) o el ex gobernador priísta Félix González movieran un solo dedo para evitarlo, todo a costa de construir el proyecto turístico Península Maya del empresario yucateco Fernando Ponce quién antes con engaños (con complicidad del gobierno estatal y con las bancas estadounidenses J.P Morgan y New York Bank Mellon) habría de arrebatarles sus tierras a 116 ejidatarios. La PROFEPA, que paradójicamente usa como lema “La Ley al Servicio de la Naturaleza”, ni siquiera demostró el menor interés por investigar lo que sucedía en la isla, ni mucho menos respondió a la petición de enviar personal de la dependencia para que detuviera la destrucción que se llevó a cabo sin la autorización oficial de la SEMARNAT.
El deterioro y la destrucción no pararía ahí, de la mano de Alejandra Cuellar Sosa y Alejandra Tamargo Benavides, la isla Holbox se abriría al turismo internacional en el 2009 con una plaza comercial que “modernizaría” y traería la “civilización” a la población de la isla. En esta ocasión, los pobladores comentaron que “las Alejandras” llegaron a ensuciar e imponer reglas a Holbox llegando incluso a querer apropiarse la feria tradicional del patrono de los pescadores, San Pedro Gonzales Telmo.
-¡Y todo por los centavos!- exclamaba una habitante.
A media hora de Holbox por mar se encuentra la pequeña localidad de Chiquilá, donde docenas de ejidatarios perdieron sus tierras, hoy a la venta para hoteles, casas y restaurantes con la idea de convertir el sitio en otro Playa del Carmen. Es en esta zona cuando aparece el tiburón ballena a pasar el verano y a convivir con los humanos que, fascinados por este enigmático pez, se tiran al mar para nadar con él. Y es precisamente el tiburón ballena una de las especies que resultaría más perjudicada con la deforestación de los humedales costeros que dan vida a los manglares, fuente de nutrientes que desembocan en el mar y que son irremplazables para la alimentación de este pacífico pez de hasta 12 metros de largo.
Importancia de los manglares
Los manglares brindan protección a las costas contra la erosión causada por las marejadas de tormentas y huracanes. Disminuyen el nivel de materia orgánica e inorgánica y de contaminantes en el agua a través del filtrado en sus raíces, por lo que crean condiciones propicias para el desarrollo sano del ecosistema. México es uno de los países con mayor superficie de manglares, de las cuales muchos están en peligro de desaparecer. Los manglares forman parte integral del sistema costero, que incluye a los arrecifes, las dunas y pastizales que amortiguan la intensidad de los huracanes y además de regulan la temperatura del mar. Es debido a su importancia que no debe considerarse a la ligera la protección de estos ecosistemas y que se considere asunto de seguridad nacional. De no parar esto, se contribuiría enormemente al aumento de la temperatura del planeta y la elevación del nivel del mar, que a la larga provocaría en un futuro cercano la desaparición de las costas de Cancún y de islas enteras como Holbox.
Impacto en la economía
La economía de la Isla Holbox depende directamente del turismo que se siente atraído por su belleza natural y el paso del tiburón ballena a sus costas. Los proyectos de eco-turismo que buscan asentarse en la isla son todo menos ecológicos y autosustentables, dependen de la destrucción del ecosistema para mantenerse y la explotación de los recursos. De permitirse la libre entrada de cadenas hoteleras y proyectos turísticos ecocidas, sería cuestión de unos años para dejar sin sustento a los más de 1,200 habitantes de Holbox, viéndose obligados a emigrar ante el desamparo y descuido de los gobiernos federal y estatal que no harían nada para detener la destrucción de este hermoso paraíso.
